domingo, 22 de abril de 2007

3 domingo de Pascua


El último capítulo de San Juan que se lee en este domingo parece una biografía abreviada del apóstol San Pedro. Reconozco que es uno de mis santos favoritos porque tenía un gran corazón, mucho cariño al Señor y algunos fallos.

Una vez más Jesús se aparece en el lago de Tiberíades mientras los discípulos están pescando. Y nos cuenta que durante toda la noche no habían pescado nada, pero en cuanto aparece el Señor y les dice dónde tienen que tirar las redes, la pesca es total, aparecen 153 peces, que representan a todos los países conocidos de aquella época.

Es bonito comprobar la categoria del Señor que se dirige a ellos con el nombre de "muchachos", y mientras llegan a la orilla les prepara de comer, en clara alusión a la eucaristía. Todos estos detalles demuestran el cariño y la amistad del Señor para aquellos hombres elementales que no acaban de creer todo lo que les quiere Jesús.

Termina esta biografía de Pedro con tres preguntas sobre el amor, antes de confirmarlo en el primado. La pregunta valiosa cuando se quiere a alguien, siempre es la misma, ¿me quieres? Esa es la pregunta que hace el marido a la mujer, los padres a los hijos y los hijos a los padres. Y esa fue la pregunta de Jesús antes de pedirle que cuidara de las ovejas.

A mi me gusta repetir la respuesta de Pedro a Jesús: "Tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero". Amigo mío, si la meditas, estoy seguro que Jesús también te pedirá algo a tí.

sábado, 21 de abril de 2007

Mis amigos los carismaticos de Santa Cruz


Una vez a la semana me suelo reunir con un buen grupo de carismáticos, más de veinte personas de todas las edades, en la parroquia de Santa Cruz. Antes de ser el párroco de esta parroquia no sabía ni que existítan, como pasa siempre con tantas cosas buenas que tenemos en la Iglesia, pero ahora si sé que existen y los aprecio, también les agradezco todo lo que hacen por acercar a la gente a Dios.

Yo creo que los sacerdotes de las parroquias corrientes y molientes tenemos que acoger y potenciar a los distintos carismas que nos encontramos con tal que la Iglesia los apruebe y promueva. Pienso que no es de buen espíritu cristiano ponernos en contra de todo lo que no "entendemos". A mí me parece mejor comprender a los movimientos, sea el que sea, sencillamente porque han sido aprobados por la Iglesia.

Como pasa en todos los órdenes de la vida, y también en las empresas sobrenaturales, se necesita tiempo, conocerse mejor, un poco de paciencia, y ayudarse mutuamente, para que la parroquia y el movimiento respectivo, sumen fuerzas a la hora de servir al Señor y a la gente que tanta necesidad tiene de ser evangelizada.

Yo a mis colegas y amigos párrocos les pediría un poco de comprensión con cualquier movimiento que tengamos en la parroquia, luego y poco de tiempo para conocerse mejor, y no exagerar las equivocaciones que surgen en cualquier actividad, porque todos tenemos que aprender, todos tenemos fallos.

Tenemos que seguir aprendiendo que lo más cristiano es sumar, para restar ya están los sembradores de odio, y que lo nuestro es sacar las cosas de Dios unidos, comprendiéndonos los unos a los otros.

viernes, 20 de abril de 2007

Predicar en los funerales


Cuando vamos teniendo unos años de ministerio, una de las cosas más díficiles en estos tiempos es la predicación en los funerales de nuestros feligreses alejados de la fe.

Yo esta tarde acabo de tener un funeral, y aunque la gente que ha venido la he visto un poco alejada de la fe cristiana, no podemos pensar que son irrecuperables, siempre se puede hacer algo por esas personas que nos piden que recemos por sus familiares difuntos.

Ningún cura tiene una varita mágica para acertar en las ocasiones en que se ve que la fe de nuestros feligreses flojea mucho. Por desgracia la gente no sabe rezar, confía poco en Dios, y hasta los funerales pueden parecer un acto social más. No cabe la menor duda que el cura que celebra una misa de funeral tiene muchas cosas encontra, como me decía un amigo con humor: "yo en esas misas lo tengo todo en contra, bueno, menos al difunto".

La realidad es la que es, y no cambia por darle vueltas, sin embargo creo que podemos hacer algo. A mí me dan resultado las siguientes: rezar por los familiares del difunto que también lo necesitan, tratarles con mucho cariño, antes y después de la celebración de la eucaristía. En la homilia hablarles con cariño a los familiares del difunto, porque todo el mundo se da cuenta si le tratas con cariño, con rutina, o sólo racionalmente.

Nosotros puede que no nos demos cuenta, pero ellos sí que se dan cuenta si ponemos cariño en lo que decimos y hacemos. Los curas estamos muy acostumbrados a hablar a la gente, desde la inteligencia, dando razones, con un vocabulario teológico que a ellos les dice poco. Todo ese modo racional y discursivo de hablar les interesa poco.

Pero la gente siempre se queda con el cariño con que celebras la misa por su familiar, con el cariño con que les diriges unas palabras. Puede que no te digan nada, pero después de una misa de funeral, te han examinado, y se han dado cuenta de cómo es tu fe en Jesucristo, y cuanto les quieres, y esa impresión es la que se llevan a sus casas.

No puede ser que a estas alturas de la Redención, los curas creamos que hay gente que no tiene solución, que está perdida. En estos días pascuales Jesús nos enseña en el encuentro con Tomás, que no hay nadie perdido definitivamente, que la fe en Jesús vivo se puede recuperar, incluidos los que llevan muchos años ejerciendo de agnósticos.

Por eso tenemos que confiar un poco en Dios y tratar con cariño a la gente, así devolveremos la fe en la resurreción a mucha gente cercana y alejada. Y si lo piensas detenidamente, te darás cuenta que no es tanto lo que Dios pide a los curas en los funerales.

jueves, 19 de abril de 2007

Una iniciativa de los jovenes de Santa Cruz: el grupo de oracion


Por ahí anda Pilar, Abel, Teresa, Victoria y la otra Pilar que cuando no está en la parroquia está rodeada de sus enfermos del hospital, pidiéndome que comencemos un grupo de oración en la parroquia, y ya lo hemos iniciado porque es lo más importante de nuestra labor con jóvenes.

La oración es la clave de la vida cristiana, de la fe, de la entrega, y si algo tenemos que conseguir los sacerdotes de nuestros fieles es hacerles hombres y mujeres de oración. Si conseguimos que la gente sepa tratar y amar a Dios, toda la actividad pastoral nos irá saliendo. Si falta la oración no seremos esa buena tierra que acoge la Palabra, y por tanto, no habrá conversiones ni vida cristiana duradera.

¿Cómo hacemos la oración en grupo? Con toda sencillez, porque rezar es hablar, pero, sobre todo, escuchar. Si supieramos escuchar más a Dios, la oración nos saldría sola, también a los sacerdotes que tenemos que dedicar tiempo a rezar que es nuestro primer objetivo pastoral.

La oración que hacemos en grupo tiene cuatro escalones que son de sobre conocidos por la "Lectio Divina": leer el evangelio del domingo, meditarlo, rezarlo, para que cale hondo dentro de nosotros, y por último, responder a esa palabra que hemos leido y escuchado.

Yo pienso que la renovación de las parroquias, la conversión personal, los objetivos pastorales dependen de nuestra oración, de nuestra unión con Dios. Si esto faltara sería como intentar coser una prenda con una aguja que no tiene hilo. Yo, por lo menos, no creo en la acción pastoral de un sacerdote que no sea alma de oración.